Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación y la culpa que emanaban del caballero.
Al final, el caballero misterioso se marchó, con una determinación renovada en su rostro. Ebrose lo bendijo y le dio un pequeño pergamino con un símbolo sagrado. Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación
El caballero se alejó, desapareciendo en la distancia, mientras Ebrose y los peregrinos lo veían partir con una mezcla de curiosidad y esperanza. Ebrose lo miró con atención
El caballero desmontó su caballo y se acercó al septón. Con un movimiento lento, se quitó el yelmo, revelando un rostro pálido y demacrado, con ojos que parecían haber visto demasiado. el caballero misterioso se marchó